
BAJANDO LÍNEA:
Hay muchos argentinos que no entienden y están realmente sorprendidos por el lenguaje, vocabulario que se utiliza en la radio y televisión. Lo escuchan al veterano Chiche Gelblung y no deja de llamarles la atención su léxico, sus modismos, los temas, sus preguntas y repreguntas, en especial cuando está una modelito enfrente. Y más les sorprende por que saben de la cultura general del personaje.
Cuando prenden la radio y aparece la voz tanguera e inconfundible de Elizabeth “la negra” Vernaci, una locutora periodista avezada, ya cuarentona pero con un lenguaje que sería la envidia de un Carrero, con perdón de los carreros, la señora además, no para de ganar premios, que le da APTRA y otras asociaciones del tipo. Tiene también un séquito de admiradores de su profesión, todos estos jóvenes que apenas pasan los 35 y se han formado, parece, con ella. Es lo mas ordinario y guarango que se escucha hoy en el prime time de la radio.
La petulancia y soberbia de tipos como Dorio, Cabito y todos esos tristes panelistas charlatanes, intolerantes y chabacanos de 6,7,8.
El actor Luppi que no tolera el disenso y agrede a un colega a mansalva por que solo osó hacerse una pregunta sobre la riqueza de este gobierno.
Pero, obviamente, que estos personajes son apenas la punta del iceberg de una cultura decadente que se va derramando de arriba hacia abajo en forma permanente y una velocidad que sorprende. Nada mas pensemos como se hablaba hace 10 años o como en el mundo del espectáculo se disfrutaba de un genio humorista como Alberto Olmedo, que nunca se le escuchó palabra soez alguna, siempre el doble sentido y la insinuación con una gracia inigualable e inolvidable.
¿Quien ha hecho posible esta aceleración cultural del mal gusto?. No hay que buscar muy lejos, solo escuchar hablar a la presidenta con su rencor y odios a cuestas, a Pichetto con su agresividad verbal, al inefable Aníbal Fernández un guarango permanente que como vocero no ha hecho otra cosa que transmitir groserías y agravios varios.
También la mentira y el engaño es un lugar común, la autocracia e intolerancia. Si un importante diputado oficialista, pide se investigue que hacen en su vida privada los jueces y cuanto gastan. Desconociendo que la mayoría de funcionarios y compañeros de bancada de este señor han cambiado su nivel de vida desde que, curiosamente, han sido designados funcionarios públicos.
Es un ejemplo vivo de la utilización de métodos típicos de una dictadura, y agravado con el mensaje bestial, de ver siempre la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Si uno vio que un presidente de la nación, se tocó el testículo izquierdo como señal de “mufa” al saludar a un ex presidente e hizo alarde de ello. Que se puede esperar de los gobernados.
Ni hablar de las sospechas y casi certezas de corrupción oficial que son vox populi en el común de la gente, las valijas de Antonini, los fondos de Santa Cruz, los enriquecimientos súbitos, etc, etc,.
Ejemplos como estos abundan, a lo largo y a lo ancho de estos últimos 7 años, el hilo siempre se va a cortar, seguramente, por lo más delgado. Pero si la Argentina, esta sufriendo anomia social, insolidaridad, violencia, hambre, pobreza, mala educación, inequidad, no le quepa la menor duda que es la nueva cultura que se asoma y nos está identificando como nación.
Los gobiernos dejan muchas cosas, buenas y malas, a veces muchas miserias, y en este caso nos están dejando la decadencia absoluta de una cultura que era ejemplo de Latinoamérica, y hoy apenas balbuceamos y nos mimetizamos en lo que históricamente será llamado la cultura kirchnerista.